Todo fuera
está ordenado.
Antagónico,
sin embargo,
en las bruces de mis manos.
Sólo queda¨el todo¨,
y cómo vuelca
y se vacía en mi cabeza.
Ella
Lo sabe.
Me conoce.
Con un simple gesto,
hende mi hermeticidad en sus bolsillos
Y articula cada palabra
como si las tensiones de mi pensamiento
se diluyesen en su lengua.
Soy una parte
del todo que es ella.
Probablemente
Uno de los brazos aislados,
caóticos,
que rebasaron el margen
de su modesta e intrínseca
inmensidad.
Su catártica belleza,
franquea los frentes
de mi voluntad.
Yo procuro evitar pensar
cómo sería mi vida
sin ella.
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